El tradicional bar frente al Congreso tiene una frondoso anecdotario sobre roscas de diputados y asesores. Las reformas con cámaras de seguridad generan cuidados especiales entre los visitantes.

La tradicional confitería-restaurante, Casa Blanca, se adaptó a la era tecnológica con múltiples cámaras de seguridad y acopló una estética cercana a la mítica película con Humphrey Bogart e Ingrid Bergman.

Figuras en tamaño real, de la película que enamoró a varias generaciones, se mezclan en el mentidero político por antonomasia de los 80 y 90.

Ahora, ya no acuden los grandes parlamentarios, quizás porque ya sean una especie en extinción, o porque los políticos profesionales del momento prefieren la protección de grandes cadenas de hoteles.

En Casa Blanca se instalaron más de 10 cámaras de seguridad por razones de robos reiterados y la reforma puso en alerta a aquellos que tratan temas delicados.

La novedad hace que los asesores, lobbystas,diputados y llamativas señoritas se cuiden y tomen sus reparos, mientras los viejos espías se rinden ante las nuevas tecnologías.

Una de las medidas de los importantes clientes es hablar en clave y preferentemente sentarse en la mesa del fondo a la derecha,abajo de la foto de la mítica pareja de la ficción, Rick Blaine y Ilsa Lund, donde aseguran los encargados no apunta ninguna cámara.

Todos buscan reservar esa mesa ya que es la única que quedó fuera del panóptico. Además, está el ¨reservado¨ de la primera planta.

Los mozos son testigos silenciosos de operaciones, traiciones, recelos y compañías incómodas. Lo que pasa en Casa Blanca muere en Casa Blanca, salvo que te tomen las cámaras o exista algún micrófono oculto.

Casa Blanca, del Congreso, nació en el 79, en oscuras épocas de la dictadura. Al mismo tiempo que se inauguraba el Anexo. Los militares tenían allí oficinas con un Parlamento que estuvo  clausurado hasta 1983.

Luego el café humeante se fue impregnando  con las tertulias políticas y la verba democrática entre cuartos intermedios de sesiones interminables. Sus mesas conocieron de radicales , peronistas, socialistas y espías de la vieja Side, que con un diario sábana pretendían pasar inadvertidos.

Allí tuvo en los 90, una mesa preferencial Carlos Chacho Álvarez donde con periodistas de la casa legislativa filtraba información entre discusiones de fútbol y mujeres.

En ese mismo lugar Eduardo Bauza y Alberto Pierri se levantaron espantados cuando descubrieron moviendo la mesa que se caía un micrófono. La paradoja es que no confiaba en sus despachos para la rosca peronista y casi terminan espiados.

Desde sus mesas se mandaban mensajes dramáticos para conseguir mayoría que consagrara cuotas de gobernabilidad como cuando Cristian Colombo asistido por Juan Pablo Baylac, contaban los votos con Duhalde, del otro lado del teléfono, para aprobar la Ley de déficit 0. Y eso que no existía el Whatsapp!

También se recuerda los atribulados tiempos del “que se vayan todos”. Sirvió de refugio de emergencia y hasta que un día Miguel Ángel Pichetto y Antonio Cafiero, concluyeron sentados en una de sus mesas que había vuelto la calma para los políticos y se podía enfrentar la calle.

Los bares ya dejaron de ser discretos, y con las nuevas tecnologías peor aun, y sino pregunten en Rond Point donde varios personajes famosos sufrieron cámaras ocultas.

Los códigos de protección ya son un clásico entre el circulo rojo: apagar celular y sacar batería, perderle al mozo un lugar protegido y no asistir a bares multitudinarios. Si hay música de fondo mejor. Como dicen que decía en Casa Blanca…Tócala otra vez, Sam.

Vidal, Larreta y Brancatelli sellaron la paz a través del fútbol