Involucra a una Jueza de Garantías. El sistema político trata de protegerla y aseguran que no tendría vinculación con el terrorismo de Estado. La historia.

La Jueza de Paz, Raquel Briceño, es todo un personaje influyente en la provincia de Neuquén. El gobernador Jorge Sapag, con motivo del aniversario 133 de la ciudad de Junín de los Andes, presentó a la magistrada como una ciudadana ilustre de esa localidad.

Biceño fue denunciada por su hija ,Sonia Manzini, por apropiación ilegal de personas y supresión de identidad durante el terrorismo de Estado.

El abogado de la denunciante es Juan Grabois, líder de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular y cercano al Papa Francisco.

Por su edad, 49 años, Sonia no encuadra en la época del terrorismo de Estado ejercido por la última dictadura, pero se estableció que su hermano (Julio) y un primo, también residentes en su momento en Junín de los Andes, podrían haber sido apropiados con la cobertura de la Jueza de Paz.

Aquellos parientes de Sonia nacieron cuando Briceño era la responsable del Registro Civil de Junín de los Andes, durante la dictadura instaurada en 1976.

Briceño está imputada junto con su esposo, el ex militar Rodolfo Manzini.Sonia, “harta de vivir en la hipocresía” desde que Julio fue incorporado a la familia, cuando ella tenía apenas 10 años. El ADN posterior, permitió comprobar que ambos no estaban unidos por ningún lazo sanguíneo.

En marzo de 2016 se comprobó que Julio es hijo de Alicia Cifuentes, quien había dado luz a su primogénito cerca del lago Lacar, en Neuquén, cuando era joven.

Las versiones cuentan que el entonces juez de Paz de San Martín de los Andes, Julio Quiroga (hijo) le dijo a Alicia que se quedara “tranquila”. Que se llevaría al bebé de ambos a Neuquén, al cuidado de su hermana. Le prometió que nada le faltaría y se lo sacó de las manos. Alicia tenía 16 años y había dado a luz unos meses antes, en ese mismo hogar.

Quiroga se fue con el pequeño envuelto en una manta celeste, pero el niño no llegó nunca a la capital provincial. Fue entregado a la jueza de Paz Briceño de Manzini. Su hija, Sonia Manzini, apenas una niña en esos años, recordaría casi cuatro décadas después aquella visita furtiva de Quiroga y la mantita celeste con penetrante olor a humo de leños. Y a su madre decirle: “Viste, tenés un hermanito…”.

Grabois fundamentó las sospechas afirmando que “durante la última dictadura militar hubo en Junín de los Andes todo un sistema montado para apropiarse de bebés de familias humildes para dárselos a familias pudientes”.

Al tiempo que agregó sospechas sobre la cobertura del sistema que tendría la Jueza de Paz: “hemos sabido que los superiores jerárquicos de la jueza , una vez enterados de la investigación, la instaron a que tramite la jubilación, casi protegiéndola”.

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