Votos son amores pero no definen un destino político ni muchas veces de un  país. Constituyen un punto de partida, muy importante. Para el gobierno de Cambiemos sería contar con la herramienta para irse independizando de la llamada “extorsión peronista”.

El peronismo dejó de ser esa “máquina de ganar”. Sus caras dispersas buscan urgente el GPS, intuyendo que el 2018 les queda lejos.

La nueva mayoría se nutre de lo que no quiere, pero entra en un torbellino de confusión cuando se traza un futuro posible. Al macrismo se lo emparenta con pinceladas de los 90 mientras pugna por acomodarse en la cama del poder.

Marcos Peña advierte el néctar venenoso del exitismo, tras el próximo 22 de octubre. “A no creérsela”, repite. Los militantes de la modestia hablan de que la sociedad te da palmaditas en la espalda , esperanzados en el cambio, pero esos golpecitos pueden ser empujones, si se desvía el camino.

El caso Lilita Carrió es emblemático. Ha sido puesto de ejemplo en usinas oficiales a la hora de “no creérsela”.. Lilita suele reírse de su estruendoso fracaso electoral, no hace tanto .

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Fue en la presidencial del 2011, cuando sacó 1,8% de los sufragios. De ese tocar fondo volvió a emerger como socia especial de un gobierno que no se termina de definir en su composición : ¿coalición electoral? ¿coalición parlamentaria?. Seguro que lo que no es , una coalición de gobierno.

La puerta que se abre tras la elección de mitad de término marcará a fuego el devenir del gobierno. Ganando bien en todo el país, el oficialismo puede arriesgar políticas con nuevos actores de aliados. Arriesgar un poco mas allá del piso de la gobernabilidad.

A Macri y su tridente (Marcos Peña-Quintana-Lopetegui), lo abrazan desde la táctica Lilita y desde el pragmatismo , la mayoría del partido radical.

Los radicales sueñan con acomodarse en una coalición de gobierno y presentar un candidato a vice presidente para la reelección de Macri.

Carrió influye en el gobierno, mas allá del volumen eventual de sus votos, como punto de ruptura con el kirchnerismo. Su voz se propaga y le marca la cancha a Macri. Por ahora es funcional, después del 22 de octubre se verá. ¿Se la creerá con el sunami de votos porteños?

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El economista Javier Calvo definió con certeza lo que piensa el establishment de este momento de Macri. Dijo que sorprendió por donde no se esperaba: la política, y no concretó en donde si se esperaba: la economía.

Los beneficios de una política tiempista y gradualista no tendrán la misma de gustación con la madurez el tiempo biológico en el poder.

Ese re lanzamiento esperado podrá dotar a Macri de una identidad política y económica necesaria para despegar de la eterna transición.

Para un equipo sin rival el desafío es superarse a si mismo. La lucha es de Macri vs Macri. Un presidente que puede tentarse con el espejo de los 90 o lograr un propio camino.