Puso en marcha gestos institucionales. Publica en la web regalos a funcionarios, un protocolo para licitaciones por conflicto de intereses.¿Alcanza?

La honestidad de muchos de los dirigentes está por el piso. No sólo por los hechos flagrantes de la época kirchnerista, sino por otros bajo administraciones de todo signo y color, con o sin uniforme. Un mal a todas luces sistémico.

El gobierno comenzó con el pie izquierdo con el caso de la condonación de deuda del estado al Grupo Macri. Tiempo después suspendió el otorgamiento de rutas aéreas a Avianca, donde también aparecen cruce de intereses con la familia Macri.

Dicen que el presidente vive como un suplicio cada almuerzo familiar, cuando empiezan a aparecer los reproches de quienes ahora se sienten observados en primera fila. Le hacen una suerte de “piquete emocional”.

No parece caprichoso que la lucha por la corrupción fuera tomada como bandera por el gobierno de “Cambiemos”, que asumió en diciembre de 2015, como contracara del que vino a reemplazar.

No deja de llamar la atención donde puso el foco la Oficina Anticorrupción (OA): un listado de regalos en la web. Parece más una sobre actuación manifiesta, al lado de otros que llevaron a revisar y “dar marcha atrás”.

Laura Alonso no se escandalizó con el acuerdo con el Correo (tema en el que Macri admitió expresamente su equivocación) ni levantó la voz por la concesión de rutas a la línea aérea colombiana Avianca (suspendida a raíz de imputaciones que rozan el apellido presidencial).

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Tampoco ahondó en los Panamá Papers, ni cuestionó que la ampliación del blanqueo de capitales se extienda, en contra de lo dispuesto por el Congreso, a parientes de funcionarios. En un segundo plano quedaron también las supuestas coimas pagadas por la constructora Odebrecht al jefe de la AFI, Gustavo Arribas, amigo de Macri, al igual que la conexión con Angelo Calcaterra, primo del Presidente y dueño de la empresa constructora IECSA. Ni que hablar de las anormalidades detectadas en la conformación de la dirección de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).

En claro contraste, se difundió el jueves a través de la página web de la OA, el detalle de una serie de regalos, cuyos valores no superan por unidad los 4000 pesos, con los que se pueden quedar secretarios, ministros y el propio Ejecutivo, de acuerdo con la reglamentación del artículo 18 de la Ley de Ética Pública, sancionada en noviembre.

Ese artículo 18 data de 1999, pero como nunca fue reglamentado, muchos de los obsequios de alto valor no quedaron en el Estado, sino que fueron llevados por los ex servidores públicos (se menciona que la ex presidente Cristina Fernández se quedó con una notebook Apple, cortesía del mexicano Carlos Slim, un diamante en bruto dado por un empresario salteño y un cuadro réplica de la Virgen de la Ternura, brindado por el papa Francisco).

Laura Alonso, encargada de redactar la norma, puntualizó como manera de “transparentar” comportamientos, que ella acumuló varios libros (Derecho Administrativo de Transición, Dibujando Argentina, Constitución de la Nación, Hacia una Argentina Sustentable), cajas de té, dos entradas para un concierto de Elena Rogers, una caja de golosinas y 2 unidades de dulce de leche de 450 gramos, entre otros presentes.

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Precisó, además, que el primer mandatario fue distinguido con una chomba con el logo de la “Asociación Todos Juntos por las Malvinas”; una máscara de Yaguareté de madera y el libro “El cambio empieza en el aula”.

La ministra de Relaciones Exteriores, Susana Malcorra, consignó haberse quedado con un plato de adorno de la India y un collar de piedras de su colega mexicano. El ministro Esteban Bullrich, un plato de cerámica de la Pachamama, durante su visita a Jujuy.

Hay casos más austeros aún: Mora Kantor, directora de Planificación de Políticas de Transparencia de la OA, indicó que la habían gratificado con un cuaderno anillado.

Por lo visto, la ejemplaridad se da primero en lo que son meras anécdotas de cortesía. Hay tiempo (¿lo hay?), para que sea aplicada en estamentos superiores donde existen prohibiciones expresas que se eluden con artificios, a través de complejos mecanismos empresariales y financieros.

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