Messi fue el último jugador de la Selección que arribó al vestuario en Quito. El Diez subió los escalones con una sonrisa gigante y sin la número 10, que ya se la había regalado a un hincha en la tribuna. Apenas subió los escalones, el capitán se fundió en un abrazo con Chiqui Tapia.

Fueron 12 segundos donde se intercambiaron palabras, besos y halagos. No sucedió lo mismo con Angelici, quien estaba a un par de metros del encuentro.

No me habrá visto“, justificó Angelici ante la prensa, para evitar suspicacias. Luego, aclaró que fue el mismo el que hizo el puente entre la Pulga y Macri.

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“Mauricio es muy futbolero, estaba muy contento y le pregunté si quería saludarlo. Me dijo que sí, le pasé el teléfono y hablaron”, explicó el titular de Boca, para alejar los rumores.