Hay un estigma que lo persigue a Miguel Angel Pichetto: nunca ganó una elección como candidato de la interna peronista. En Río Negro, lo cargan con esa mochila.

Sin embargo, construyó su carrera de dirigente poderoso, con muñeca y rosca en el Círculo Rojo. Se dice un tipo de códigos, respetado como un interlocutor valido por muchos de sus adversarios.

Ahora, es el actor aglutinante del Peronismo Federal, es decir el peronismo no kirchnerista. Sabe sus limitaciones, que pasan por tener cero carisma y escasa intención de voto.

El espacio que lo acompaña, ha convencido a Pichetto de lanzarse mientras se ve si hay un candidato más competitivo para las próximas elecciones presidenciables del 2019. El que más suena , pero que no se termina de decidir es Juan Manuel Urtubey.

La ventana de oportunidad, del peronismo, fue sufriendo cambios significativos en un par de semanas. El escenario de la crisis cambiaría, junto con las sospechas sobre los fondos de campaña en Cambiemos, generaron la expectativa que con un candidato potable se podría lastimar al gobierno.

Hace una semana, el reflujo de pudedumbre, con la aparición de los cuadernos Gloria, puso a ese sector bajo un almohadón repleto de espinas e incomodidades.

¿Cómo separarse de Cristina sin entregarla?

Pichetto puede quedar como un cómplice de administrar un “aguantadero”, llamado Senado, que tiene dos senadores con procesos, embargos y acusaciones explosivas, y siguen gozando de sus fueros.

Falta un poco más de una año para las elecciones. Mucho o poco según como se vea, El peronismo debe reconciliarse con la clase media , como lo dijo el propio Pichetto. Las noticias que los ponen de vuelta en la picota del robo de las arcas del estado parecen generar otro abismo entre las partes.

Otro tema, es saber si Cristina bajará en la intención de voto por la causas que se le siguen , o muy por el contrario hay un sector que le dará un borrón y cuenta nueva, a raíz de estar pasándola muy mal en la economía del presente.

Todos estos condicionantes rodean al espacio que hoy lanza, a manera de “piletazo”, al dirigente de cejas levantadas y de rictus mal humorado. Hasta le salió mal su jugada de haber sido punta de lanza en la defensa del proyecto pro aborto, que demostró que algunas cosas se le pueden escapar al Miguel Angel del Senado.

Acompañado por ex Massistas y peronistas de siempre, el virtual candidato comienza una aventura impredecible en un país también impredecible.