Guillermo Pereyra está al frente del poderoso sindicato petrolero de Río Negro, Neuquén y La Pampa, desde hace 33 años. Macri lo felicitó por su apertura.

Durante el año pasado, en el lapso de 45 días, Pereyra se reunió tres veces con Mauricio Macri, para tratar la reforma laboral del sector petrolero y facilitar la obtención de inversiones extranjeras para Vaca Muerta, un reservorio de oro para la economía nacional.

Macri pretendía que el acuerdo gremial, que establece un régimen de trabajo atado a la productividad laboral e implica una reducción de los salarios, sirviese de réplica para aplicar en otros gremios, como por ejemplo el mecánico de SMATA.

En su reaparición pública, el presidente abrazó a Pereyra quien firmó un acuerdo de flexibilización laboral con  menos trabajadores por pozo y recorte de algunos beneficios como horas extras o cese de trabajo por inclemencias del tiempo.

El sindicalista es además senador nacional por el MPN, el partido de la familia Sapag. Supo ser “un agradecido soldado” de Néstor y Cristina Kirchner y secretario adjunto de la combativa CGT del camionero Hugo Moyano. Adhirió a Sergio Massa, del Frente Renovador, antes de inclinarse por la candidatura de Mauricio Macri.

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Apodado “el caballo”, está al frente de un sindicato de 30 mil afiliados, al que insinuó a renunciar el año pasado por razones de salud.

Su estilo es frontal. “No le tiembla el pulso si hay que parar o cortar la llave de gas a la capital”, refirió un colaborador a ExpedientePolítico.

En su currículum, se menciona que nació el 25 de junio de 1943, en la pequeña localidad de Bowen, General Alvear, Mendoza y que se trasladó a Neuquén capital en la década del 70. A fines de 1972 empezó a desempeñarse como changarín en una empresa petrolera.

Al normalizarse la actividad sindical tras la dictadura que finalizó en 1983, fue elegido secretario general del sindicato por apenas 62 votos. Después iría renovando con mayorías superiores al 80 por ciento.

El año pasado, el diario “El Cronista” armó un “top ten” de senadores ricos y Pereyra se ubicó en el séptimo lugar con un patrimonio declarado de casi siete millones y medio de pesos.

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“Se debe garantizar – dijo – que el bolsillo de los trabajadores no se vea afectado. Si las empresas bajan equipos no voy a firmar. Tiene que quedar bien claro que tiene que haber nueva actividad. Para que vengan inversiones que hay que crear las condiciones, una parte pequeña la podemos crear nosotros, pero a su vez las compañías deben invertir en la explotación de gas. Quiero que todo eso esté sobre la mesa. Yo no puede firmar nada si no hablo con el cuerpo de delegados, no me quiero inmolar… “

Pereyra se entregó al proyecto Macri. El tiempo dirá si se “inmoló” o si su pragmatismo  rendirá beneficios para el país.

 

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