Santiago Olivera es mucho más que el Obispo Castrense. Se va transformando en uno de los hombres de mayor confianza del Papa Francisco para encontrar las condiciones necesarias para su tan ansiada visita.

Olivera fue obispo de Cruz del Eje. Como exponente del predominante grupo moderado dentro del Episcopado, tiene el beneplácito de Mauricio Macri, es su designación como Vicario Castrense, ya que es el único cargo eclesiástico que necesita el visto bueno del Estado argentino.

Su designación, además de estar sustentada en la relación de confianza con el Papa, se comprende también en ser originario de una provincia (Córdoba) que envolvió de votos al actual mandatario.

Quienes lo conoce dicen que trabaja denodadamente para que su Santidad concrete el tan mentado viaje a la Argentina antes de fin de año. La ventana de la oportunidad sería noviembre con un posible viaje a Uruguay. ¿Alguien se imaginaria otra visita que acaricie la cercanía con nuestro país? Esto es lo que quiere evitar Monseñor Olivera que mantiene informado al Vaticano del humor social en el país.

A Olivera se le adjudica el diálogo con Macri y sectores judiciales para equilibrar la política de Derechos Humanos. En la óptica oficialista sería dejar de demonizar a la Fuerzas Armadas por la lucha sucia de los 70. Inclusive Olivera tuvo una posición productiva en apoyar fallos de prisión domiciliaria a represores de más de 70 años.

A la vez, Olivera facilitó la apertura de los archivos secretos de bautismos de la capilla Stella Maris de la ESMA -la ex Escuela Mecánica de la Armada, uno de los mayores centros de detención clandestinos durante la dictadura, relamo que le elevó, al Papa, Estela de Carlotto.

Los Organismos recelan de que el actual gobierno diera el guiño para volver a jerarquizar el Vicariato Castrense, cargo que quedó suspendido ante en enfrentamiento del kirchnerismo con el antecesor de Olivera, cuando Baseotto cuando al salir al cruce de opiniones de entonces ministro de salud a favor del aborto, dijo: “quienes escandalizan a los niños” merecen “ser arrojados al mar con una piedra de molino atada a su cuello”.

Francisco que estuvo en el banquillo de muchos que hoy lo veneran desde el kirchnerismo, por supuestas flaquezas en la época de la Dictadura, debe ponderar su aterrizaje en medio de heridas que no cierran , ni las de antes de la Democracia ni las que dejó la división de la última década.

Olivera le suele decir a sus visitantes: “El Papa está a 10 minutos de la Argentina”. Un verdadero optimista y creyente.