El presidente regresó este lunes a la actividad tras su descanso en Villa Langostura. Su gabinete quedó alerta por los cambios. Algunos ministerios aparecen como “intervenidos”.

El último gesto fuerte del presidente en 2016, el llamado a Prat Gay para que se apersonara en Villa Langostura y se notificara del despido, quedó ya licuado por el presente convulsionado de un enero tomado por nuevos aumentos del costo de vida.

La reaparición de Macri, en la Rosada, genera una expectativa extra: ¿volverá el presidente de cultura zen o un líder con pisada fuerte ante la adversidad? Ya no alcanzaría eso de “al mal tiempo buena cara”.

Los primeros signos de enero son de ajuste y no de recuperación. Se viene el aumento en las naftas de 8%, sumado al aval que se le dio a un aumento de Aguas de casi el 300%, subas del 100% en peajes y otro tanto en prepagas.

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La CGT comenzó a abrir el paraguas. Con estos índices de precios de arranque del año no se podría aspirar a una inflación anual de 17%, como anunció el gobierno. Además, plantean que el piso de discusión paritaria estará por encima del 20%, cosa que quiere evitar el Ejecutivo.

Los ministros están expectantes con el  ánimo de regreso del presidente y de cómo se articulará la gestión. Macri empoderó a fines del 2016 a la triada Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui.

Estos hombres del presidente decidieron avanzar sobre ministerios que se ven inactivos. Los ministerios de Salud y Medio Ambiente aparecen claramente como zonas de gestión intervenidas con ministros débiles.

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Néstor Pérez Baliño, el número dos del Ministerio de Salud, presentó su renuncia en las últimas horas.

La gran duda es si Nicolás Dujovne, quien jurará como titular de Hacienda el martes, tendrá vuelo propio. Difícil de pensar, en palabras de Quintana, ya que al igual que el kirchnerismo Macri no cree en Super ministros.

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