Parece ayer cuando la Grieta veía al revés la figura de Francisco, mientras el viejito en el balcón principal que da a la Plaza San Pedro decía “Habemus Papa”. En la pantalla de TN había sorpresa por parte del guerrero Julio Bazán…

En los despachos de Cristina se veía la forma de reparar la mala vibra con el ex Arzobispo de Buenos Aires que en cada Tedeum cacheteaba ciertas políticas del kirchnerismo.

Al poco tiempo las miradas se invirtieron. El ya Papa que nunca se bancó las ideas de Macri tomó distancia y comenzó a escuchar de cerca a peronistas kirchneristas, y vino el “cuiden a Cristina”. Nunca le perdonó la consagración del matrimonio igualitario en la ciudad.

En el tramo final del gobierno macrista, el Papa alienta el final de la Grieta, escucha y manda a sus pastores con olor a oveja a contener a los pobres.

Macri ya sabe que no puede esperar demasiado de la relación, aunque las veces que lo visitó su trato fue muy cariñoso con Antonia. Los pocos interlocutores alientan, al menos, neutralidad.

 

La Grieta se profundizó con la corriente feminista pro abortista y allí la contradicción dentro de un mismo colectivo político. Hay muchos fervientes kirchneristas entre los pañuelos verdes, que a la vez simpatizan con las posturas político sociales  de Francisco.

Hay dos anécdotas que pintan su ascenso y su vigencia en el tablero político. Muy joven recibió la ordenación episcopal en la catedral de Buenos Aires, de manos del Cardenal Antonio Quarracino. Pragmático y menemista, Quarracino quería obturar aun posible sucesor suyo subiendo a el irreverente Jesuita y se lo hizo saber al Monseñor, Emilio Ogñenovich.

Ya subiendo los pedestales de la jerarquía eclesiástica local intervino directamente en un pedido para que el PJ pusiera un candidato en la cuarta sección electoral. La insistencia de Francisco llamó la atención del entonces gobernador de la provincia, Carlos Ruckauf, quien con su respeto como ferviente católico le aclaró que por Chacabuco había otro candidato,

Su , ahora Santidad le contestó: “no se preocupe ya se bajó solo”. Así tuvo el primer espaldarazo la figura, en el peronismo, Julián Domínguez. Cómo no entender que sus manos sigan conduciendo para muchos en un ala del peronismo, ahora que está en el Vaticano.