Era sábado a la tarde. Espert y su equipo comenzaron a tener una leve sospecha. Quien les había prestado el soporte de su partido para lanzarse, el dirigente nacionalista Alberto Asseff, no contestaba los llamados. Al filo del cierre, cerca de la medianoche, Espert recibió un tajante mensaje por Whatsapp: “Hasta aquí llegué…”.

La traición había tomado cuerpo con las nuevas tecnologías. Pichetto, quien resultó ser devaluado en la resultado final de quienes pudo colocar en las listas, sumó unos puntos para ser considerado el “amigo fiel” de Macri. La foto con Asseff adquirió un protagonismo institucional.

El nuevo “ambulanciero” del peronismo al servicio del Pro provocó que la candidatura de Espert penda de un hilo. La Jueza electoral, Servini de Cubría, tendrá la decisión final en los próximos días. Por las dudas, Espert ya habla de proscripción.

Espert sumó a la denuncia que se adulteró la lista de candidatos en provincia de Buenos Aires.

Asseff, por su aporte, tiró una serie de excusas políticas para su pase fugáz a la órbita oficialista, como la supuesta funcionalidad de los votos del ex aliado con el kirchnerismo.

 

Asseff es un poseedor de una de las tantas franquicias políticas al servicio de los mejores postores. Eterno candidato de todos y de nadie.

Milei que sufrió un abandono por parte de Espert, que en plena desesperación por tener un sello priorizó a Asseff, guardó códigos en un cruce televisivo en lo de Mauro Viale.