Clase media recortada y luchando para evitar la caída en picada

Esparcimiento, educación y medicina están entre las variables sensibles del ajuste.

Cómo no caerse más, esa es la misión de la clase media en la Argentina actual. Las encuestas de opinión siguen referenciando una amplia avenida de la clase media aspiracional. Un 70 por ciento del país se siente en ese escalón aunque ya esté en franca bajada. La realidad es que solo un 40% puede aspirar a mantener cierto estándar de vida de sectores medios aunque su economía esté agrietada.

Los perdedores de este modelo debieron bajar sus niveles de consumo en entretenimiento y cultura (63%), consumo de carne (48 %), combustible (41 %), medicamentos (23%), entre otros rubros.

Una familia porteña necesita 27 mil pesos para no ser considerada pobre. En tanto, que debería superar los 40 mil pesos para mantener la estabilidad de un clase media baja.

El botón de muestra de la semana fue la faltante de leches en las góndolas, sobre todo la de segundas marcas. La marca cartelizada pugna por carel francés en los super, cuando es evidente que los consumidores buscan alternativas a sus agujereados bolsillos. Los problemas estacionales disminuyeron la oferta.

Las Pymes vienen clamando ayudas financieras y miran al Ministro Dante Sica que tiene como respuesta enojos con el sector empresario, ante un gobierno que se siente abandonado a su suerte por el denominado círculo rojo.

La Educación es un bandera que genera contradicciones en la clase media golpeada. Con mucho esfuerzo las familias venían sofocando las excesivas subas de las matrículas y las cuotas ya se les hacen cuesta arriba. Se vuelve a la escuela pública no por una concepción ideológica cultural sino por lo notorio de la caída del poder adquisitivo.

La ONG Defendamos Buenos Aires reveló que al menos 80 mil alumnos dejaron la educación privada para pasar al sector público, que no da abasto la demanda.

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La medicina pre paga viene aumentando sistemáticamente sus valores. Las familias medias achicaro el plan o salieron del sostema. Igual es lo último que se trata de resignar.

El gobierno porteño, de Rodriguez Larreta, está muy preocupado y ocupado en tratar de erradicar la marea de gente que duerme en la calle. Cada vez es más notorio en la geografía nocturna y mañanera: colchones tirados en aperturas de edificios o espacios de cajeros automáticos de bancos.

Un referente de acción social del gobierno admitió, a este sitio, que esperan números difíciles de digerir del crecimiento de la pobreza y marginalidad y que los refugios para pernoctar ya están colapsados.

A la vez, se está instrumentado una linea de subsidios para que familias que ya no pueden pagar el alquiler duerman en modestos hoteles. Las hileras de los demandantes de esta ayuda, son a veces gente bien vestida. Están también los que antes dormían en las estaciones del trenes y ahora fuero expulsados de esos espacios públicos.

Hoy se conocerán nuevas estadísticas frías y científicas del Indec sobre pobreza y PBI. Toman el último trimestre. Una eternidad para el análisis de los últimos meses inflacionarios