Merlo fue el primer teatro de operaciones de la campaña, con un esquema más parecido a un acto político que lo que fue la presentación de Sinceramente, y el video que elevó a candidato a Alberto F.

Por esto, verlos juntos en un acto conversado ante una multitud, un 25 de mayo, era toda una prueba de la nueva imagen que se quiere proyectar. El resultado fue Cristina como una actora moderada, como aquella banda que toca un par de temas de telonero y sabe que hay que darle lugar al principal, que cierra la ceremonia.

Jugueteó con una silla con rueditas, lo miró en tono maternal y le habló a los intendentes y dirigentes del kirchnerismo, agradeciendo el envoltorio, sin descuidar que tras la pantalla estaban los otros, indecisos o desencantados de lo actual.

No mencionó a Macri en el discurso. Sí a la difícil situación que les toca vivir a los argentinos. Su alocución, pausada, fue algo más larga que la del Alberto, menos acostumbrado a ser centro y hablar con tono de campaña.

Por su parte, el precandidato fue presentado por el intendente de Merlo, Gustavo Menéndez  como si fuera un ring.

Su fallido “me encantaría decir como una presentador … de un lado el liberalismo (señalando a Cristina) y del otro lado quien va ser el presidente de todos los argentinos”, marcó el nerviosismo ante el debut de la fórmula,

Muchos de los presentes, como el intendente Martín Insaurralde, esperaban anuncios y definiciones que se vieron postergadas sobre la fórmula a gobernador y vice

Alberto subió la apuesta con la elevación del tono, un discurso mas político, en la etapa de los agradecimientos por el gesto de “bajarse” de Cristina.

Embistió a Macri, resposabilizándolo por la pobreza. Resaltó su amistad con Cristina y la admiración a Néstor, dando a entender diplomáticamente que las diferencias por las que se tuvo que ir del gobierno kirchnerista, siguen jugando.

La etapa de fortalecerse desde adentro, dará paso a la de convencer a los de afuera. El “vamos a volver “ como hit de fondo es música pianta votos para una clase media que navega entre convicciones perforadas en el desencanto.