Ceferino Reato es periodista y escritor, pero tuvo el ojo clínico de un investigador para averiguar y contar un hecho histórico como fue la muerte de Néstor Kirchner. En su último libro revela pormenores del velatorio en Calafate y cómo quedó posicionada Cristina a partir de entonces. Durante la entrevista con ExpedientePolítico, Reato resalta que escribe para los lectores: “A mí me interesa la verdad de los hechos. Después si aparecen periodistas militantes…”, aclara. No termina la frase, la deja picando. Como había quedado picando la verdad sobre la muerte del ex presidente que Reato cuenta en “Salvo que me muera antes”.

¿Cómo surgió la idea del libro?

Nace a partir de un hecho conmocionante. La muerte de Néstor Kirchner causó conmoción más allá de la filiación partidaria. El era la persona más poderosa del país, el verdadero ministro de Economía, a Cristina no le interesaban los números. No había una investigación adecuada del tema. Al contrario. Había muchas versiones a partir de falsas informaciones.

¿Fue sencillo hablar con los testigos?

Para nada. Pero a través de contactos me enteré de un funebrero, Walter. El fue el primero. Lo fui a ver a su nuevo trabajo, una concesionaria de autos y salió una entrevista muy rica. Me generó un vínculo de mucha confianza y me permitió seguir vinculado y chequear información. Con otro testigo, Claudio, el médico que estaba en la guardia, mantuvimos una interesante entrevista en su casa. Y con Eduardo, que fue el jefe de enfermería de la Guardia del hospital Formenti. Pero hubo personas que me recibieron pero no quisieron dar el nombre. Hay que tener en cuenta que Calafate es un reducto K. .

¿Qué investigó de aquel 27 de octubre de 2010? ¿Cómo fue el velorio íntimo? ¿Cuánta gente concurrió a la casa donde velaron a Kirchner?

Fueron cuatro horas, de las cuales la primera hora y media fue con la presencia de Cristina y sus hijos, los familiares cercanos y dos personas muy importantes en el círculo de Néstor: Lázaro Báez y Ulloa. Es imposible calcular cuanta gente participó del velorio íntimo, pero sí pude saber que mucha gente esperó afuera por orden de Cristina. También puedo asegurar que Néstor murió en su casa, no en el hospital. Y que no fue a las 9.10 como se informó, sino que una hora antes.

A lo largo de su trabajo habrá escuchado infinitas versiones. Hay un halo de misterio alrededor del tema.

El misterio favorece la multiplicación de versiones. Ellos nunca se molestaron por aventarlas. Había una tensión entre kirchneristas y antikirchneristas y entonces hay versiones disparatadas. “No murió, se fue con Chávez y está en Venezuela”, fue una de ellas. Otros hablaban de una fuerte discusión con su hijo. Jamás hubo una confirmación oficial, y en la autopsia no hubo restos de balas.

¿Por qué, entonces, se hizo el velorio público a cajón cerrado?

No hay una explicación. El funebrero decía que el cuerpo se estaba descomponiendo, y también se dijo que Cristina, en su pelea con Clarín, no quería darle al diario la tapa con el rostro de Néstor muerto.

¿Qué cambios evidenció Cristina a partir de la muerte de Néstor?

Ella es muy inteligente, fría y pragmática. En ese momento logró transformar ese dolor en un hecho político. Mostrarse como la viuda que podía ayudar al país a salir adelante. Evacuó todas las dudas sobre si podía ser la nuevo líder. Hasta ese momento el que manejaba los hilos del poder era él.

¿Nunca recibió amenazas por la publicación del libro?

Jamás porque no da lugar a las amenazas. Mi tarea es defender el libro, forma parte del oficio. Ellos saben que no estoy en ningún bando político y no hago periodismo militante, soy independiente. Sé muy bien donde me estoy metiendo y no me molesta estar en el centro del ataque. Pero mi tarea es escribir para el lector. No hay que ser susceptible. Si te critica un militante…

¿Qué análisis hace de su propio libro?

Se dio un conjunción de temas. La muerte, el episodio político. Los argentios somos especialistas en tragedias. A mí me interesó la verdad de los hechos. Lo más difícil fue determinar el tono de la escritura. Tenía que ser respetuoso y a la misma vez, distante. Esa fue la clave. Quedé satisfecho por lo que pude averiguar. No estuve en el lugar de los hechos, pero investigué.