Falta menos para el balotaje: la diferencia entre elegir u optar

Un dilema que atravesará la conciencia de los argentinos. Dos opciones malas y las dudas del día después.

¿Massa o Milei? La moneda está en el aire y como nunca antes la democracia se debate con dos opciones que son marcas de segunda mano. Si la democracia fuera homologada como una simple mercancía, nosotros los consumidores estaríamos campeando el temporal restringiéndonos con los gastos de los platos sabrosos hasta que mengue la sequía. Empero, resulta que los efectos de la mezquina oferta electoral tendrá efectos inmediatos sobre los próximos cuatro años de la mas compleja transición de estos 40 años.

Los dos puertas abren diferentes riesgos. Votar por Massa es hacerse los distraídos sobre las responsabilidades de un gobierno que fue un verdadero fracaso. Como lo dijo Lanata, “es un excelente candidato” teniendo en cuenta que debe competir primero con la única realidad: la plata que no alcanza.

El candidato y ministro de Economía va y atraviesa paredes tratando de invisibilizar los efectos inflacionarios, mutando en el hombre elástico con los fondos de un Estado que se ha ubicado en el centro del debate electoral sobre su utilización como instrumento de políticas públicas.

Massa promete un gobierno de unidad nacional con los mejores y entre esos lugares mantiene el enigmático sobre quién será su piloto económico, aunque anticipó que piensa en una figura de la oposición, ¿Será Carlos Melconián?

Massa promete un gobierno de unidad nacional con los mejores y entre esos lugares mantiene el enigmático sobre quien será su piloto económico, aunque anticipó que piensa en una figura de la oposición, ¿Será Carlos Melconián?

El otro candidato, Javier Milei, ha sido un disruptivo que canalizó la bronca de una porción importante de la gente. Esa habilidad, para catalizar el odio, fue inversamente proporcional a despejar las grandes dudas que envuelven su estrafalaria figura. Lo grave de Milei no es tanto que charle con perros muertos sino que circunda los bordes admisibles a los discursos democráticos.

A sus posturas, sobre los que piensan diferente, los gestos violentos de sus presentaciones o la propuesta de legalizar el tráfico de órganos, ahora le sumó el dejar picando la posibilidad de que el sistema de recuento de votos sea fraudulento en el país. Sus temerarias sospechas obviaron el paso legal para plantearlas y dilucidaras, un ABC del sistema y sus reglas.

En este desolador contexto, dos dirigentes en las antípodas de sus opciones han formulado dos frases representativas de lo que atraviesa en el balotaje. Por un lado, Graciela Camaño tras blanquear su apoyo a Massa, aclaró que el funcionario tendrá que asimilar que no representa el amor sino una opción menos mala al autoritarismo del libertario y que de vencer “debe asumir un gobierno austero y decente”. Léase, tiene un crédito corto.

En tanto, el verborrágico Luis Juez, lanzó: “Si tenemos que elegir dentro de 12 días, entre el yerno de Moria Casan y el novio de Fátima Flórez, estamos jodidos, alguna cosa mal hemos hecho, ¿no?”.

Hay seis millones y pico de votos que necesitan una representación. Y la verdad, vuelvo a repetir el concepto de que una cosa es elegir, y otra cosa es optar”, redondeó el cordobés.

Confusión y panorama abierto. Si hasta la izquierda advierte que parte de sus votantes podría inclinarse a opciones de ultra derecha.

Los dirigentes que implosionaron tras las Paso, recalculan sus posicionamientos a tientas como ciegos que intuyen luces difusas. Las urnas los mandarán a algunos a la penitencia eterna , otros a la penitencia y a unos pocos flotando en la marea contaminada. Si la abstención o el voto impugnado marcan una tendencia por encima de la media , el silencio dirá más que los apoyos .

Horacio Caride