Macri se perfila como el primer no peronista que llega al final

Le falta casi un año, el más duro de su primer mandato. Con una inflación sostenida y un fuerte condicionamiento por el Fondo. Igual tiene fe en el futuro.

El presidente no pierde la calma. Escucha a optimistas y pesimistas y sigue con su cultura zen. Si hay algo que confirmó, a tres años de ocupar el sillón presidencial, es que ese puesto no se parece en nada a los anteriores. Suele definir su presente como un “encierro vip”. No goza del poder, y se queja del tiempo que le quita de su familia y hobbies personales.

En ese clima de estrés, percibe como injusta la crítica por su veraneo de más de 20 días en el Sur. Nunca se desenchufó del todo, y siempre se comunicó con sus colaboradores para preguntar sobre temas de actualidad, argumentan desde su cercanía.

Del Sur saca enseñanzas permanentes. Es su lugar en el mundo. Advierte que bien gobernado ese paraíso natural tendría mucho mayor potencial.

En su cabeza no entra cómo se puede administrar estas provincias con déficit y una catarata de empleados públicos.

Paradoja de la Grieta, tuvo en la gobernadora Alicia Kirchner a una gentil anfitriona. “Se hizo la buena”, comentó al llegar de su licencia.

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Ahora, entiende al ex presidente Raúl Alfonsín cuando tuvo el sueño de trasladar la capital a Viedma. Aprendió a admirar algunas cosas de ese demócrata aunque su ideal de político siga siendo Frondizi.

En el contexto de aniversarios que hicieron flamear los fantasmas de la inestabilidad democrática, La Tablada y los alzamientos carapitanda, el presidente está orgulloso que está cumpliendo un objetivo: ser el primer presidente de la democracia, no peronista en llegar a completar el mandato.

Desde Marcelo T. de Alvear, este será el primer gobierno no peronista en terminar su mandato. Macri disipó el año pasado la teoría de helicóptero y  “el se van antes”.

Será el quiebre de un mito el romper ese maleficio , que fue consolidado por actitudes conspirativas de sectores peronistas y de ineptitudes propias de radicales.

Macri gobierna con los gremios peronistas en contra, empresarios desencantados y una clase media ( que lo votó mayoritariamente) enojada.

Si gana la reelección, cree que se alcanzará el ideal de Jaime Durán Barba que siempre habló de la necesidad de desperonzar a la sociedad argentina.

Con una inflación asfixiante y los condicionamientos de crecimiento por el ajuste planteado en el acuerdo con el FMI, Macri puede decir como el personaje de Héctor Alterio en Caballos Salvajes: “la puta que vale la pena estar vivo!!”