La de Alberto Fernández hasta aquí ha demostrado ser una campaña inconexa sin que todos los principales actores empujen del mismo carro parejo. Esto se evidencia más allá del mal humor del candidato con la prensa.

El ex Jefe de gabinete no quiso tener un jefe de campaña como era él  hasta que Cristina decidió correrse al segundo escalón de la fórmula.

Alberto tiene la compañía de su perro y de tres colaboradores centrales: Juan Pablo Biondi (contacto con la prensa), Juan Courel (en la operatoria contenidos de redes) y Santiago Cafiero (como puntal en discurso político).

A diferencia del gobierno, el “papá” de Dylan no tiene un gurú de marketing político que enlace, en una idea fuerza, toda la campaña.

En este sentido, el publicista Ramiro Agulla criticó lo que se vio de la campaña del Frente de Todos…

Alejandro Borensztein tituló su última nota “Tío Alberto, un inquilino en apuros”. El humorista, admirado por el círculo rojo, ironiza sobre que “un candidato deprimido nunca es bueno para la democracia”. Agrega que se lo ve “Sinceramente incómodo”.

Su campaña es encarada desde su intención de inyectar moderación en el debate. La incongruencia es Cristina al lado y una sociedad muy polarizada.

Uno de los consultores que advierte sobre que valor podría definir la reñida elección de octubre es  Raúl Timerman. Está convencido que la diferencia la hará quien comunique mejor ante la extrema paridad de los números. Sostiene que el tanque de comunicación del gobierno nacional puede llegar a imponerse a la crisis económica.

Esto lo repite en público pese a la clara baja de imagen del presidente, en todas las encuestas…

Áxel sí se muestra con Cristina en los videos. Su cercanía con La Cámpora lo obliga a seller una identidad, la misma que le genera ruido entre los intendentes del PJ del conurbano. El ex ministro de economía sostiene sus apariciones con el asesoramiento del publicista k Pepe Albistur.

Por su parte, el gobierno nacional tiene la gran ventaja de vertebrar los contenidos de campaña con un tándem comunicacional ya probado: Marcos Peña y el gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba. El profeta de creer que se puede hasta en la puerta misma del cementerio, se las ingenia para poner nerviosos a sus adversarios , casi como si fuera el candidato él y no Macri.

La obra pública “que ahora se ve y no se roba”, “la democracia vs el autoritarismo”, o el casi misericordioso “dame una segunda oportunidad para realizar las transformaciones”, son vectores que todos repiten como un credo.

Según Gustavo Marangoni, los gobiernos siempre corren con ventaja para unificar discursos y reconoce en el PRO “un profesionalismo probado” en esa materia.

Un ejemplo de vertebración ha sido el pedido de Macri de no cortar de boleta en la provincia, que si bien puede favorecer a Vidal podría en peligro su intención reeleccionista.

Después las dudas invaden. ¿Le alcanzará con este nivel de pobreza e inflación?. Generalmente, la obra pública no da votos, menos en las zonas postergadas. El cemento entusiasma a los porteños y puede darle a Larreta su envolvente reelección en primera vuelta. Los demás sacuden un slogan lapidario: “El cemento no se come”.