Fue el tercer presidente del período de restauración de la democracia parida en 1983. Más joven, cuando tan solo contaba con 36 años, consiguió la banca de senador y luego fue compañero de fórmula de Ricardo Balbín, el binomio derrotado por Perón-Perón.

Su última aparición pública fue en el G20, acompañando a Mauricio Macri, el primero en recordarlo en su cuenta de Twitter.

Chupete, como se lo apodó desde la política, era un prolijo institucionalista y siempre tuvo gestos democráticos con sus adversarios.

Sin embargo, cargará en la historia por haber decretado el estado de sitio en plena convulsión social del 2001. La represión dejó un saldo de 39 muertos y debió abandonar, Cavallo mediante, el poder en el helicóptero.

El efecto “helicóptero”, ensombreció a todos sus sucesores. Macri sufrió esas huellas, ya que en los momentos difíciles de su administración le recordaron los fantasmas del pasado. Los seguidores macristas hablan del “Club del Helicóptero”, para arrostrar la dureza de los que están en la vereda de enfrente a la actual administración.

Su plan de déficit cero y severo ajuste encuentra similitudes con el actual gobierno. La gran diferencia es que de la Rúa  tuvo la soja en 160 dólares y no a más de 300, como en la actualidad, y que 20 años después Macri supo trazar coordenadas de gobernabilidad y administrar la crisis con la ayuda internacional.

Los recuerdos sacuden el presente, lo interpelan. Sobre todo porque Cambiemos es la segunda experiencia, en la restauración democrática, de intento de gobernar bajo el paraguas de una coalición de partidos.

De La Rúa que se había opuesto al Pacto de Olivos, luego intentó un claro pragmatismo uniéndose a una fuerza emergente del anti menemismo: el Frepaso.

El grupo de ex peronistas progresistas estaba liderado por Carlos Chacho Álvarez, quien luego de tratar de influir en las políticas públicas, desde la vice presidencia, terminó renunciando provocando un crisis terminal al gobierno de la Alianza.

El término Alianza comenzó a adquirir connotaciones negativas. El actual gobierno siempre prefirió autodenominarse de coalición, sobre todo parlamentaria. La segunda etapa, de ser reelecto, le significará un desafío similar al del 99, con la certeza que el sueño de independizarse de la cultura peronista, dependerá de muchos otros gobiernos de distinto signo que puedan construir gobernabilidad.

Muchos que están en el macrismo pasaron por la Alianza como la actual Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

La Banelco será otra de las postales de su gobierno, aunque la justicia lo sobreseyó a él y a los senadores salpicados de la supuesta red de sobornos para sacar la reforma laboral.

Los radicales calzan ante la noticia con una ambigüedad de sentimientos. De la Rúa nunca despertó pasiones como Raúl Alfonsín, con quien siempre confrontó, aunque se apoyó en “el padre de la democracia” en los momentos difíciles de su gobierno.

¿Fue un presidente demócrata? ¿Fue generador de la crisis o una víctima más de la voracidad del poder peronista y los Mercados?

Como sea y con todas las luces y las sombras, murió un ex presidente de la democracia. Ni Alfonsín ni De La Rúa pudieron terminar en tiempo y forma sus respectivos gobiernos. El de Macri será el primer mandatario no peronista en cerrar el círculo.

Si mira para atrás, Macri no tiene un ex líder político que le pese. Su impronta es iniciática para el PRO. La última espina fue exorcizada desde el punto de vista psicológico, con la desaparición física de su padre Franco. Esa es otra diferencia de época para concluir que “Macri no es aburrido…”