Tras el batacazo y la sorpresa, el lunes se espera la respuesta electoral del gobierno. Dicen que no hay espacio para bajarlo a Macri, pero sí para repensar su compañero o compañera de fórmula. ¿Cómo cae esta nueva situación en el radicalismo que está a punto hervidero con su Convención partidaria?. Una de las preguntas para otra semana de incertidumbre.

Todos interrogantes que disparó la ex presidenta con su jugada que dejó mal parada, también, a toda la prensa política, supuestamente informada. Difícil hacer periodismo telepático cuando ni siquiera sus estrechos colaboradores supieron con debida anticipación que Alberto Fernández es el elegido. Decisionismo a lo kirchnerista.

Tan complicado como sintetizar en un título lo que acaba de acontecer. ¿Cristina se bajó? o “Alberto al gobierno, Cristina al poder”… y ¿Por qué lo hizo?

Indudablemente fue consciente de su techo electoral. Lo personal (el tema de su hija y los juicios) habría implicado otra cuota de realismo político. Sumamente complicado encarar el tramo clave de la campaña sentada ante un tribunal, cuando ella ha sido más efectiva en el silencio.

Alberto Fernández lejos está de la categoría de “títere” como sí le encajó a Daniel Scioli cuando fue ungido a la pelea frente a Macri y no lo dejaron meter ni uno de sus colaboradores en las listas de candidatos a diputados y senadores.

La impronta del ex jefe de gabinete es su antecedente: el haberle dicho que no a la señora, promediando su segundo mandato. 

Sus dichos, hipercríticos de cómo gobernó Cristina en esos tiempo de viuda, fueron severos y repletos de adjetivos. Hoy son recordados en el archivo de la memoria, implacable, de la video política.

Ser el elegido, no es azaroso. El ex jefe de gabinete tiene un odio personal contra Macri, le conoce todas sus costillas y es un arma política letal en un posible futuro debate presidencial entre ambos.

El parto de un “nuevo kirchnerismo”, abierto a las críticas y auto crítico, debió presentarse de otra manera.

Darle al flamante candidato a presidente de ese espacio la oportunidad de comunicarlo y no ir detrás de un video por twitter, en el que como al pasar y en el medio de reflexiones, la estadista le regaló una oportunidad de trascender.

Alberto lo supo el miércoles pasado, y le pidió silencio de radio hasta que ella lo difundiera a su manera. El peronismo asistió a la ceremonia de la reina como le tocó enterarse que el elegido a vice era Amado Boudou. Ahí, los antecedentes decisionistas de Cristina mostraron errores de cálculo y poca efectividad.

La chapa de Alberto es cualitativamente diferencial. Estuvo en el armado original de Néstor Kirchner, acompañó al matrimonio del poder sureño hasta donde pudo y siempre fue el equilibrio cuando el movimiento transversal se iba de madre.

Entre los referentes principales de Unidad Ciudadana, se percibe la sorpresa, algo de desencanto por el “paso al costado” de la líder pero entienden la medida con una acto altruista de generosidad. “Primó Néstor y no la Cristina pura”, comenzaron a argumentar.

Si ganase la fórmula Alberto-Cristina se podría conjugar otra suerte de “matrimonio político”, esta vez por clara conveniencia. La verdadera simbiosis, del experimento electoral, esta a prueba del primero: un resultado electoral, y luego de una factibilidad concreta de gobernabilidad.

Cristina presentó su plan como pensado para el día después de ganar las elecciones, donde gobernar la Argentina parece una verdadera alquimia.

En tanto, el circulo rojo empresario también tuvo un impacto. Alberto siempre fue el componedor con los poderes reales fuera de la representación política de gobierno. El dilema para el poder económico es creer o no creer en que el “tío Alberto” pueda tener juego propio de acceder al trono.

Qué suerte tienes cochino
En el final del camino
Te esperó la sombra fresca
De una piel dulce de veinte años
Donde olvidar los desengaños
De diez lustros de amor, Tío Alberto

Joan Manuel Serrat