Seguramente las declaraciones de Lionel Messi apunten a un universo de aplausos futboleros y aquel jugador de brillantez futbolística tenga también una impronta tribunera. Sus dichos sobre el tufillo a corrupción de la última Copa América tiene sentido común pero le faltan pruebas contundentes.

En el trono de la Conmebol se encuentra el paraguayo Alejandro Domínguez. Empresario, ex integrante de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa). Desde ese sitial interactuó con Mauricio Macri, con quien mantiene una amistad. Fue quien le avisó al presidente argentino que la final de la Copa América entre River y Boca no podría jugarse en nuestro país, por razones de seguridad.

En la final que Brasil le ganó 3 a 1 a Perú. con un penal cobrado al local muy cuestionable por parte del árbitro chileno y el Var omnipresente, Domínguez se estrechó en un abrazo con Jair Bolsonaro, quien invadió el campo de juego para sostener la copa, como un jugador más.

Alejandro Domínguez quiere aprovechar todos sus contactos y “popularidad” ganada en el campo del fútbol para construir su carrera política presidencial en Paraguay. Un trazo paralelo a lo que hizo su amigo Macri.

Uno de sus principales detractores es el ex arquero de Vélez y de la selección guaraní, José Luis Chilavert. quien respaldó la denuncia de Messi y dijo que Domínguez terminará preso.

La Conmebol analiza una severa sanción contra Messi. Podría ser de dos años en partidos internacionales con la Selección. Tapia está en una posición muy incómoda ya que avaló el tenor de las denuncias, se quejó oficialmente desde la AFA pero es el dos de la Confederación Sudamericana. El peso de Chiqui es relativo mas allá del cargo que ostenta.