Al actual embajador norteamericano lo premiaron con la plaza argentina por su eficiente rol de recaudador para la campaña demócrata. En las primarias, jugó para Hillary Clinton, pero rápidamente se re ubicó.¿Quién es este excéntrico embajador que rápidamente se mimetizó con las pasiones nacionales?

Viene de orígenes muy humildes. Oriundo del estado de California, fue chofer de un senador norteamericano y después escaló posiciones. Una suerte de Fernando Espinoza, salvando las diferencias. La residencia del embajador Mamet se ha transformado los fines de semana, en un recinto bien argento. Convoca asados con políticos, consultores, farándula y deportistas.

El anfitrión se volvió un fanático de la carne. El asado se lo preparan importantes chef, y él siempre tiene preparado algún toque de demagogia para sus invitados. Fue en uno de los últimos encuentros que a un dirigente importante de River lo recibió con la remera del millonario abajo de su camisa sport.

Semejanzas ya se hacen, sobre su perfil alto, con lo que generó en la década de los 90´ James Cheek, sólo que el actual no tiene una tortuga. La diferencia es que Cheek jugaba el lobby con el norte de abrir negocios. Por ahora, Mamet disfruta su rol como una suerte de relacionista público que aguarda un panorama más claro después de las elecciones.

Tiene buena relación con los tres presidenciables con mas chances, aunque su preferido es Scioli. Soltero y fanático del soccer (como llaman en su país al fútbol) no pierde oportunidad de jugar algún picadito. Su puesto es arquero.

En pleno roce diplomático con la presidenta por el paradero del ex agente Antonio Horacio Stiuso, Mamet contestó con la displicencia de fotos faranduleras.

Su lobby es permanente. Cuando el Papa visitó los EE.UU., el embajador invitó a Washignton, en su avión privado, a un par de empresarios argentinos de primera linea, entre los que se encontraban Pescarmona y Ratazzi.

Le costó llegar a la embajada: la designación de Mamet fue cuestionada por los republicanos. La principal crítica era su desconocimiento de la Argentina y su falta de experiencia diplomática. Desde que está, parece estar tomando clases aceleradas de argentinismo. Pero todavía está en la etapa de observación.