La gobernadora Vidal está concentrada en su pelea por retener la gobernación, un round que se gana o se pierde por un voto. Con los empresarios que la veneran y aprendieron a respetar, la mandataria desactivó cualquier atisbo de plan V, o alternativa a Macri.

La especie se siguió vertiendo en los canales del círculo rojo a tal punto de estudiar dos fórmulas posibles: Vidal-Lousteau o Vidal – Pichetto.

Siempre Vidal. Porque sigue siendo la más ponderada en imagen positiva del alicaído sistema político aunque la caída de imagen del gobierno también le sacó vitaminas.

La gobernadora tomó una decisión: concentrarse en la campaña de la Provincia y para esto tener la lapicera de todos los candidatos a legisladores e intendentes del distrito. Fue la condición al ceder con la posibilidad del desdoblamiento que le vetó la Rosada.

Varios referentes que iban a ir a la pelea contra peronistas enviados por el presidente debieron ser consolados. “Esta vez le debimos dar el manejo total de la campaña provincial a María Eugenia”, escuchó un candidato famosos por sus relatos deportivos.

Habrá que ver cómo se reparte el juego con los radicales. La gobernadora encontró en su vice, Daniel Salvador, un aliado de impronta casi familiar, a tal punto que otros radicales se quejan “parece amarillo”.  Observa todo esto, el reciente mutado en político, Luis Otero, quien espera ser el candidato natural de Avellaneda. Sin embargo, allí está la vidalista Gladys Gonzales y su marido, el presidente de la Cámara bonaerense, Manuel Mosca, para presionar.

La preocupación social en el conurbano es creciente, más allá que la gobernación atiende articulando con intendentes “amigos” la problemática. El embate de piqueteros sociales ante el ministerio de Carolina Stanley puso alerta a todos los gobiernos de Cambiemos.

Un comentario de un enviado de Grabois a un hombre del oficialismo trasladó preocupación. “Los alimentos y planes no alcanzan en algunos lugares que sacude al pobreza”. Fue una lectura objetiva o una forma sutil de presionar. Hasta ahora los lideres sociales vienen conteniendo la olla y si bien reclaman con vehemencia no hay mayores desbordes.

Mientras Dujovne mira ansioso la tabla del dólar otros en Cambiemos se inquietan por la temperatura de la calle y las protestas sociales. Larreta, también.