Las parábolas de la historia son siempre sorprendentes. En 2006, a la familia Macri le quitaron la concesión del Correo con el gobierno de Néstor Kirchner. Trece años después de que su familia perdiera la concesión del servicio postal -con $300 millones en cánones adeudados-, Macri (ya como presidente) viene administrando el Correo Argentino como una sociedad del Estado, y le dio esa llave a su gente de confianza del sector privado.

En 1997, el hoy vicejefe de Gabinete, Andrés Ibarra era el director comercial y de marketing del Correo privatizado, bandeja mediante, en la etapa menemista. El “chiste” le salió al Estado condonar una deuda por $ 70.000 millones a favor de la firma de la familia presidencial.

El custodio de ese tesoro para los intereses del entonces vivo Franco Macri, fue el actual ministro de Defensa, Oscar Aguad, en ese entonces Ministro de Comunicaciones.

El Correo aparece en el centro de las miradas, aunque en un segundo plano con respecto a la empresa privada Smartmatic, quien ganó una licitación a otros tres oferentes, entre ellos la española Indra, siempre beneficiada desde el 83 en adelante.

Sobre la ex venezolana está el peso de la observación de la nueva aplicación de carga de datos informatizados en el escrutinio provisorio. Ibarra debió defender el principio de transparencia del sistema apareciendo al lado del golpeado Adrián Pérez, Secretario de Asuntos Políticos.

De haber aparecido antes, quizás se hubiera contenido algo la ola de críticas y la demanda del PJ, aunque los apoderados opositores siguen planteando dudas.

La principal es que el gobierno no ha entregado el código fuente del sistema, una suerte de mapa general del sistema. En el oficialismo se abrieron a la instrumentación de nuevos veedores pero consideran exagerada la lista de reclamos del Frente de Todos.

El software fue entregado tras muchas demoras, cuando estaba estipulado que debían hacerlo 30 días antes del acto eleccionario.

Torpezas y falta de diálogo institucional, que domina la política agrietada, no acreditan por el momento el riesgo de la transparencia. Lo que está en discusión es la carga de datos y como se pondere el resultado del escrutinio provisorio si el margen entre el primero y el segundo resultase estrecho.

La frase de Ibarra sobre que “va a hacer la elección más fuerte de la historia” es de un peso peligroso con el diario del lunes. ¿No fueron todo lo transparente las anteriores? Acaso la baja calidad de las instituciones fueron provocando algunos capítulos olvidables. Anecdóticos como “Mi Matanza” de PInky, pero que demuestra el apresuramiento en leer datos provisorios o algo más gravosos como la elección de la que Luis Juez sigue sosteniendo que “le afanaron” en Córdoba.

Fue en el 2007, con un escrutinio provisorio que iba lento como una carreta, en un recuento de votos que superó las 15 horas. Con el nuevo sistema de Smartmatic los reparos son al revés: ¿Lo que va rápido siempre es seguro?.

La ansiedad y el misterio del resultado carcomen lo que queda de humanidad de los candidatos y sus equipos técnicos. Se escuchan planes alternativos  como no dar ningún dato hasta que esté el 70 % o más cargado o ir cargando distritos por orden alfabético.

El gobierno carga con la responsabilidad de que todo salga impecable y la presión de seguir competitivo el día después. La oposición pone en juego el saber perder, si le tocase. Demasiado aspiracional para un país que discute interpretaciones y no hechos.

En un punto la historia del Correo de las últimas décadas, tiene actores conocidos de ambos lados . Si se muerden el poncho habrá esquirlas parejas e incómodas.