La noticia vino de la mano del Perro Verbitzky. En síntesis, señala que un empresario, hasta aquí ignoto, de nombre Pedro Etchebest, fue extorsionado por un “operador” que hablaba en nombre del fiscal Carlos Stornelli.

En notas periodísticas, el empresario agropecuario y su abogada declararon que hubo un encuentro en Pinamar, oficiado por Marcelo D’Alessio, en el que se cerró el pago de 300 mil dólares para sacar a Etchebest de la órbita de la causa de los cuadernos de la corrupción, ya que el “arrepentido” Manuel Campillo lo estaba por mencionar. Pero el empresario hasta ahora no fue mencionado en el expediente.

El misterioso empresario habló en los medios desde un lugar no determinado. Estaría fuera del país ya que teme por su vida y la de sus seres queridos.

En una de las entrevistas con Ernesto Tenembaum, D’Alessio dijo que lo estaba investigando a Etchebest para averiguar el origen de su dinero y que por eso le tendió una “trampa”, es decir admite haberle pedido dinero.

Elisa Carrió consideró todo este escándalo como una maniobra para sacar a Stornelli de la causa de los cuadernos. Por su parte, el fiscal blanqueó su relación con D’Alessio aunque se distanció en lo que haya hablado en nombre de él.

D’Alessio hizo todo un rodeo para definir cuál es su verdadera profesión. Se definió como un “apasionado en la investigación” y que le otorgó a muchos periodistas materiales de gran valor en la causas rutilantes.

La causa de todo este embrollo oscuro la tiene el juez  Ramón Padilla, quien es confeso opositor al actual gobierno. Dijo en su momento de Bonadío que “es un juez que responde a la embajada de EEUU”. Como vemos juego cruzado, y la justicia militante mostrando las uñas en la previa a la campaña.